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dilluns, 7 de juliol de 2008

Nacionalisme lingüístic (Entrevista a Juan Carlos Moreno Cabrera)

En una llarga conversa amb els professors Narcís Garolera i Francesc Vallverdú, referents d’anteriors estudis literaris i sociolingüístics meus, i amb Pere Verdaguer, Albert Corominas i Josep Maria López Llaví, mentre sopàvem després d’una conferència que impartiren a l’Ateneu Barcelonès, el passat 2 de juliol de 2008, sobre els inicis de la Universitat Catalana d’Estiu de Prada de Conflent, va sorgir el tema del “Manifiesto por una lengua común”, i arran del mateix explicaren l’entrevista que Juanma Romero realitzà a Juan Carlos Moreno Cabrera, catedràtic de Lingüística General en la Universitat Autònoma de Madrid, per a Público.es.


Per les particularitats que motiven la difusió dels continguts expressats en aquest bloc, la llengua vehicular és única i exclusivament la catalana; no obstant això, quan es fa referència a un text citat, i a d’altres matèries específiques en un altre idioma, es respecta la corresponent llengua, i només fem servir el català per presentar o introduir la matèria. Així doncs, com qualsevol text científic, la publicació citada aquí procura ésser respectuosa amb la llengua de producció original, i és per això que reproduïm l’entrevista següent com va ésser publicada en el seu mitjà.


Publico.es

ENTREVISTA A JUAN CARLOS MORENO CABRERA

"El castellano no está perseguido; ésa es una polémica ficticia"

A los que hablan de guerra al español, este catedrático de lingüística les dice lo contrario: que hay un nacionalismo castellanista excluyente

JUANMA ROMERO - Madrid - 21/04/2008

Lo que comienza justo aquí no es sólo Lingüística. Y, sin embargo, se hablará mucho de lengua. Hay más. Hay política. ¿Qué es si no la eterna disputa catalán-castellano?

Juan Carlos Moreno Cabrera (Madrid, 1956), catedrático de Lingüística General de la Universidad Autónoma de Madrid, quiere entrar en el debate. Pero para decir justo lo contrario de la tesis oficial. Para decir que, aunque no se reconozca, y muchos de sus colegas lo nieguen, existe un nacionalismo lingüístico “excluyente”. Que el Estado no acepta la verdadera diversidad de lenguas. Que no fomenta el plurilingüismo. Que el castellano no está perseguido en Catalunya, en Euskadi o en Galicia. Y lo expone en un libro duro, “comprometido”, El nacionalismo lingüístico. Una ideología destructiva (Península), en la calle desde hace un mes.

Su postura choca con la ortodoxia.
Sí, lo sé. Pero no dejaré de defenderlo. Existe una ideología muy desarrollada, un nacionalismo lingüístico de Estado, aunque se esconda. El Estado ha presentado el español como la lengua de bien común, la de interés nacional, la superior, la que beneficia a todos y a todos nos hace iguales.

¿Un nacionalismo disfrazado?
Obvio. El Estado podría ser no nacionalista. Neutral con respecto a las lenguas. No es así: concibe y promociona al castellano como un valor cívico y por encima de las diferencias étnicas, de las identidades nacionales. Se dice que el español estándar, el de la Real Academia [RAE], es neutral, cuando no es más que el desarrollo de una variedad, del castellano. ¡Claro que está étnicamente determinado! Una prueba: la pronunciación del español culto coincide con el castellano de Madrid o Valladolid. La tesis de que hay una lengua supranacional, más rica y útil para la comunicación, es ideología. Ocurre lo mismo con el inglés o el francés.

¿No es natural que una variedad se imponga a las demás?
No, porque las lenguas tienden a diversificarse a medida que se expanden y se mezclan con otras. De ahí que un hablante de Cádiz sepa distinguir a uno de Sevilla. Los procesos de estandarización, en cambio, sí son artificiales. Y para ello hace falta un Estado unificado y una estructuración política y económica determinada. La creación del Estado moderno conlleva esa concepción unitaria de la lengua. Censuro por eso a los lingüistas que, sabiendo que es un proceso político, lo ocultan para justificar una lengua que venden como superior.

¿Pero por qué lo han hecho?
La Sociología de la Ciencia tiene más peso de lo que se cree. Los investigadores quieren recibir subvenciones, que sus resultados sean aceptados por la comunidad científica, no marginados. Si yo no tuviera puesto fijo, quizá no me habría atrevido, por supervivencia. Ahora soy más libre.

Quizá no veían esa conexión Lingüística-Política que señala.
¡Yo intento disociarlas! Hacer lo contrario que mis colegas, que las mezclan y no lo dicen. El motor que me lleva a escribir este libro sí es ideológico. Me opongo al imperialismo, al libre mercado… Pero no uso la política para hacer esa disección, sino sólo razonamientos lingüísticos.

¿No busca provocar?
No por mis palabras. Son las de todos los expertos que menciono. Mi libro es casi una antología de 300 pasajes de lingüistas como Menéndez Pidal, Manuel Alvar, Amado Alonso… Elijo textos significativos, duros, transparentes, donde se ve su ideología.

¿Cuándo y cómo se apuntala el nacionalismo castellano?
Comienza en el siglo XIII, cuando Alfonso X el Sabio opta por una variedad concreta como lengua literaria y de la administración. Ya es la elección del Estado. La preeminencia del castellano continúa y se afianza en el siglo XVIII. El proceso es doble: las élites dominantes procuran que su variedad sea la más poderosa y a la vez las clases populosas imitan esa forma de hablar porque es símbolo de prestigio. Las lenguas estatales no surgen, pues, por instituciones como la RAE. Éstas regimentan la variedad impuesta antes por razones políticas, económicas y demográficas.

Y Franco ayudó a esa supremacía.
El nacionalismo lingüístico cree que sólo hay una lengua en el Estado, la española, y ésa es la lengua nacional por antonomasia. Las otras son secundarias. Esa ideología existe antes y después del franquismo, no es exclusiva de él. La dictadura es sólo la manifestación más contundente de la lengua-nación, vehiculada en la escuela. ¿Por qué aún hoy escritores catalanes publican en castellano?

¿El pluralismo es una entelequia?
En las sociedades occidentales es muy difícil porque el sistema educativo no lo promueve. En algunas comunidades pequeñas, sí existe.

Su libro sale en medio de la furia por el conflicto lingüístico.
La pelea de intereses es política: la concepción monolingüe del Estado castellanista y la concepción plurilingüe que los catalanes tienen de España.

El PP o el partido de Rosa Díez ven persecución del castellano.
No, no es así. Cuando se intenta que el catalán ocupe en Catalunya espacios antes ocupados por el castellano, se entiende por persecución, algo absurdo y estúpido. Lo que se teme es la posibilidad, muy remota aún, de que el catalán sea la lengua dominante en Catalunya. ¿No sería eso lo normal, siendo cooficial?

¿La polémica es ficticia, pues?
Sí. Trasluce ese miedo sin fundamento. ¿Se va a perder el castellano, con 400 millones de hablantes?

Pero puede haber desigualdades. En oposiciones, por ejemplo.
Ése es un problema del monolingüe, no del bilingüe. Un catalán, un vasco o un gallego tiene derecho a que se le enseñe en su lengua materna en todo el Estado. Sí se garantiza lo contrario, que un madrileño pueda estudiar castellano en Catalunya. ¿No somos todos iguales?
"Apruebo las sanciones por no rotular en catalán si sirven para promover la lengua"

¿No es un paroxismo que se multe por no rotular en catalán?
Si las sanciones sirven para promover la lengua, las apruebo. Como socialista, y no del PSOE, soy partidario de pagar para bienes sociales.

Dice que no hay partidos de ámbito nacional plurilingües.
No. Sólo podría ser IU, pero la izquierda ha renunciado hace tiempo a esa consigna, como al derecho de autodeterminación, que respaldo.

¿Por qué, por miedo? En campaña se vio lo sensible del tema.
Depende de dónde. En Catalunya sí que es rentable el asunto, donde el PP no tiene nada que hacer.

Porque para la derecha es una de sus batallas ideológicas, ¿no?
Sí, concibe España como una única nación, indivisible, con una lengua nacional posible, el castellano.

No deja de ser sorprendente que usted, madrileño, defienda las tesis nacionalistas periféricas.
También yo tenía prejuicios, pero concluí, tras leer mucho y estudiar idiomas, que aquello que nos decían de lenguas más fáciles y aptas no tenía fundamento lingüístico, sino ideológico. Lo expuse en La dignidad e igualdad de las lenguas, en 2000. A partir de ahí seguí investigando y encontré más argumentos.

¿Sabe que le citan en foros nacionalistas e independentistas?
Sí, ellos lo agradecen mucho. Hasta ahora sólo les llegaba desde Madrid que su lengua no valía nada, y sí el castellano. Pero no lo he escrito para que me aplaudan. No soy dogmático y no descarto estar equivocado. Ésa es una actitud científica.

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